Arrebatamiento ante la Santísima TRINIDAD

Cuán­tas veces he sido calum­ni­a­do aducien­do que no ten­go los estu­dios nece­sar­ios y que, por tan­to, no puedo ser sac­er­dote, no puedo ser obis­po. Lo cier­to es que mi vocación se ase­me­ja mucho a la de San Pablo, el Príncipe de los Após­toles. ¡San Pablo estu­vo inspi­ra­do por el ESPÍRITU SANTO! ¡Su fuerza moto­ra era el ESPÍRITU SANTO! Durante años min­istró bajo la autori­dad direc­ta de DIOS sin haber pasa­do antes por ningu­na escuela y sin nece­si­tar la autori­dad de los após­toles.

No se reunió con San Pedro, el primer Papa, o los mis­mos Após­toles has­ta años después. De sí mis­mo decía: “Conoz­co a un dis­cípu­lo de Cristo que hace catorce años – no sé si con el cuer­po o fuera de él, ¡Dios lo sabe!– fue arrebata­do al ter­cer cielo. Y sé que este hom­bre – no sé si con el cuer­po o fuera de él, ¡Dios lo sabe! – fue arrebata­do al paraí­so, y oyó pal­abras inefa­bles que el hom­bre es inca­paz de repe­tir”. (2 Cor 12,2ss) De nue­vo, un tes­ti­mo­nio de nues­tra vocación. San Pablo fue arrebata­do para recibir enseñan­zas direc­ta­mente del Cielo.

En tres oca­siones Yo he sido arrebata­do y lle­va­do ante la pres­en­cia de DIOS, ante la San­tísi­ma TRINIDAD, encon­tran­dome yo en per­fec­to esta­do de salud y abso­lu­ta­mente con­sciente. La primera vez cuan­do aún era un niño, después sien­do un joven y la ter­cera como obis­po. Por supuesto, nadie dice haber vis­to a DIOS algu­na vez. Sí, pero las tres per­sonas que for­man DIOS lo hicieron; eso es difer­ente. Yo he vis­to a JESÚS, los após­toles lo han toca­do, han comi­do con él, etc. ¡Y era DIOS! Tal y como se mostró en carne y hue­so durante su andar en la tier­ra, así se me mostró a mí en lo alto. No puedo explicar cómo se mostró, sim­ple­mente esta­ba en mí. Ten­go claro que no he vis­to cómo es DIOS, sino que vi cómo DIOS se me mostró a mí. Por lo tan­to, lo que aprendí no se me fue enseña­do por el “per­son­al de tier­ra” de la Igle­sia, sino que Yo enseño aque­l­lo que DIOS me dic­ta. Tam­bién está claro que seguirá habi­en­do cam­bios, cam­bios totales en la Igle­sia. Porque lo que hoy se lla­ma Igle­sia es sólo una insti­tu­ción – o dicho de otro modo, como me dijo el SALVADOR: “¡Mi Igle­sia se ha con­ver­tido en una cloa­ca!”

No se reunió con San Pedro, el primer Papa, o los mis­mos Após­toles has­ta años después. De sí mis­mo decía: “Conoz­co a un dis­cípu­lo de Cristo que hace catorce años – no sé si con el cuer­po o fuera de él, ¡Dios lo sabe!– fue arrebata­do al ter­cer cielo. Y sé que este hom­bre – no sé si con el cuer­po o fuera de él, ¡Dios lo sabe! – fue arrebata­do al paraí­so, y oyó pal­abras inefa­bles que el hom­bre es inca­paz de repe­tir”. (2 Cor 12,2ss) De nue­vo, un tes­ti­mo­nio de nues­tra vocación. San Pablo fue arrebata­do para recibir enseñan­zas direc­ta­mente del Cielo.

En tres oca­siones Yo he sido arrebata­do y lle­va­do ante la pres­en­cia de DIOS, ante la San­tísi­ma TRINIDAD, encon­tran­dome yo en per­fec­to esta­do de salud y abso­lu­ta­mente con­sciente. La primera vez cuan­do aún era un niño, después sien­do un joven y la ter­cera como obis­po. Por supuesto, nadie dice haber vis­to a DIOS algu­na vez.

Sí, pero las tres per­sonas que for­man DIOS lo hicieron; eso es difer­ente. Yo he vis­to a JESÚS, los após­toles lo han toca­do, han comi­do con él, etc. ¡Y era DIOS! Tal y como se mostró en carne y hue­so durante su andar en la tier­ra, así se me mostró a mí en lo alto. No puedo explicar cómo se mostró, sim­ple­mente esta­ba en mí. Ten­go claro que no he vis­to cómo es DIOS, sino que vi cómo DIOS se me mostró a mí. Por lo tan­to, lo que aprendí no se me fue enseña­do por el “per­son­al de tier­ra” de la Igle­sia, sino que Yo enseño aque­l­lo que DIOS me dic­ta. Tam­bién está claro que seguirá habi­en­do cam­bios, cam­bios totales en la Igle­sia. Porque lo que hoy se lla­ma Igle­sia es sólo una insti­tu­ción – o dicho de otro modo, como me dijo el SALVADOR: “¡Mi Igle­sia se ha con­ver­tido en una cloa­ca!”